Inducción Miofascial
Inducción Miofascial
El sistema fascial da forma al relieve del cuerpo, su volumen, la disposición de los músculos, los ángulos de unión del esqueleto. Lo envuelve, lo protege, da sostén y unifica sus estructuras.
La fascia es el material de empaque que no solamente envuelve cada estructura del cuerpo, sino también las conecta entre sí, brindándoles soporte y determinando su forma. Participa en el movimiento corporal, al ir íntimamente ligada al músculo, al hueso, a la articulación, al tendón. Organiza y separa, asegura la autonomía de cada región, pero también reúne y forma una red ininterrumpida de comunicación corporal. Desde la cima del cráneo a las plantas de los pies, toda una, a modo de traje de neopreno.
Y desde la superficie se expande hacia el interior, creando una enorme tela de araña sin principio ni fin. Presente en todo el cuerpo y haciéndose eco de cada gesto, cada estado de tensión muscular, cada cicatriz, cada lesión. Acompañando en su trayecto a cada nervio, cada vaso sanguíneo o linfático.
Directamente debajo de la piel no se encuentra el músculo o el hueso. Hay algo más. La fascia, un tejido elástico y deformable, delgado en algunas zonas como en el rostro, donde deja ver la expresión; grueso en otras, como en las plantas de los pies, donde tiene que amortiguar y proteger.
Un sistema fascial sano y equilibrado, con capacidad de estirarse, libre para deslizarse, posibilita que el cuerpo se mueva de forma amplia y sincronizada, eficazmente y con un gasto mínimo de energía. Y no solo me refiero al movimiento de los músculos o de las articulaciones. Todo el cuerpo es movimiento. Todo sistema del cuerpo se mueve. Hay movimiento en la digestión, la respiración, el sistema nervioso, la circulación sanguínea, los sistemas de eliminación… Todo el cuerpo es movimiento. La vida es movimiento. Y la fascia asegura este movimiento. Pero también se detiene. Y si ella se para, también desaparece el movimiento. Fijaciones posturales, gestuales, tensiones, lesiones, cicatrices, compensaciones y un largo etcétera pueden producir que se limite el movimiento y se rompa el equilibrio del sistema fascial. Nos encontramos entonces con la disfunción.
La inducción miofascial es un método de terapia manual que trabaja directamente sobre el sistema fascial y muscular. A través de maniobras de deslizamiento, rozamiento o trazados, actúa sobre la superficie, y mediante tracciones, compresión o empujes tridimensionales se adentra en la profundidad. Estas maniobras producen una estimulación mecánica en el tejido conectivo. El objetivo es localizar los lugares de restricción de movimiento, y favorecer que se liberen. La eliminación de restricciones permite restablecer el equilibrio corporal, eliminando los síntomas dolorosos y recuperando la alterada función del sistema.
¿Quién puede beneficiarse de la Terapia Miofascial?
La Terapia Miofascial abarca un amplio campo de aplicaciones clínicas, aunque son particularmente efectivas en el tratamiento de lesiones del aparato locomotor.
Dolores vertebrales (lumbalgias, lumbociatálgias, dorsalgias y cervicalgias)
Disfunciones tendinosas (tendinitis, túnel carpiano, etc)
Lesiones musculares y articulares
Neuralgias y sindromes por atrapamiento nervioso
Fibromialgia
Recuperación postquirúrgica y postraumática
Cefaleas de origen mecánico
Fascitis plantar
Cicatrices
Disfunciones en la articulación temporo mandibular (ATM)
Tensiones posturales y emocionales
En el campo de la Fisioterapia Especializada en Reeducación y disfunciones abdomino-pélvico-perineales, y si tenemos en cuenta que el suelo pélvico es una estructura que está formada en un 80% por tejido conectivo (fascial), la inducción miofascial es una de las técnicas de tratamiento que mejor nos permiten abordar y generar cambios en este sistema, siendo por ello una aliada fundamental en la resolución de los diferentes síntomas que pueden afectarle.